Todos pasamos una etapa, por más corta que fuera, de pura contradicción. De querer irte, pero también volver; de amor y de odio. De sentirnos deseados y, a la vez, aborrecidos.
Yo me encuentro en el medio de todas aquellas decisiones jamás tomadas, pero sin haber alcanzado un equilibrio; por el contrario, esquivo preguntas, miedos y dolores. Me obligo a no mirar atrás y a pensar lo justo, para evitar arrepentimientos. Pero me resulta inevitable caer en ese vacío, al recordar que ya no es como antes; lo que causaba tranquilidad, ahora es también la causa de mis males y remordimientos. Asumo también que me convertí en la responsable de mucho dolor; que, a veces, es mejor perderme que encontrarme; hacer de cuenta que ya no existo, que nuestras vidas se transitan en mundos paralelos que jamás se van a tocar...
Pero, qué hacemos durante esas noches, donde todo vuelve, golpeándonos, para revelarnos que estamos en el mismo lugar que antes, llorando por lo mismo que antes?
domingo, 28 de agosto de 2011
martes, 23 de agosto de 2011
Qué hacemos con...
las palabras sumergidas en el tintero?
los paseos que se esfumaron en la bruma de la madrugada?
las meriendas que se ahogaron en nuestro café?
los viajes que no podemos trazar en ningún mapa?
las flores y las cartas que no fueron enviadas?
los abrazos que no se adaptan a otra espalda?
(...)
Nada; ya no importa...
No soy más que un buen recuerdo que está perdiendo su color.
las palabras sumergidas en el tintero?
los paseos que se esfumaron en la bruma de la madrugada?
las meriendas que se ahogaron en nuestro café?
los viajes que no podemos trazar en ningún mapa?
las flores y las cartas que no fueron enviadas?
los abrazos que no se adaptan a otra espalda?
(...)
Nada; ya no importa...
No soy más que un buen recuerdo que está perdiendo su color.
Cada día, cumplís (a medias) con tus responsabilidades.
Gastás, viajás, hablás, escribís, leés, caminás.
Llegás. Buscás distracción.
Pasan las horas: necesitás más distracciones.
Llega la noche. Pesadillas, nervios. Intranquilidad.
Dejás todo para el día siguiente;
la eterna promesa de responsabilidad.
Sos consciente: asi nada va a cambiar.
Lo aceptás. Las fuerzas no vienen...
Qué más podés hacer?
Repetir, incansablemente, esto esperando,
en algún momento,
sentirte diferente.
Gastás, viajás, hablás, escribís, leés, caminás.
Llegás. Buscás distracción.
Pasan las horas: necesitás más distracciones.
Llega la noche. Pesadillas, nervios. Intranquilidad.
Dejás todo para el día siguiente;
la eterna promesa de responsabilidad.
Sos consciente: asi nada va a cambiar.
Lo aceptás. Las fuerzas no vienen...
Qué más podés hacer?
Repetir, incansablemente, esto esperando,
en algún momento,
sentirte diferente.
domingo, 21 de agosto de 2011
Esas casualidades que sabés, hace rato dejaron de serlo.
Esas situaciones recurrentes, cada noche, en cada lugar.
Esas canciones... las mismas de siempre.
Esas palabras prohibidas.
Esas manos ansiosas por escribirlas.
Ese corazón desbocado por sentirlas.
Esa existencia estúpida, por no compartirlas.
Esas situaciones recurrentes, cada noche, en cada lugar.
Esas canciones... las mismas de siempre.
Esas palabras prohibidas.
Esas manos ansiosas por escribirlas.
Ese corazón desbocado por sentirlas.
Esa existencia estúpida, por no compartirlas.
martes, 16 de agosto de 2011
Te aferraste, como un prisionero se aferra
a su último sueño viviente,
respirando lento, para no absorver
el poco aire que todavía contenía
aquel exquisito perfume.
Elegiste tus palabras
meticulosamente y, sin embargo,
jamás hicieron ruido.
No lograron derribar ni una sola
de todas esas paredes
dentro de su laberíntico espíritu.
El fuego se consumió, luego
de que inhalaras todo el oxígeno,
incluso el suyo.
Estabas encerrada, detrás de los barrotes
de tu propia existencia,
contenida únicamente
en tu cabeza.
Hermética.
a su último sueño viviente,
respirando lento, para no absorver
el poco aire que todavía contenía
aquel exquisito perfume.
Elegiste tus palabras
meticulosamente y, sin embargo,
jamás hicieron ruido.
No lograron derribar ni una sola
de todas esas paredes
dentro de su laberíntico espíritu.
El fuego se consumió, luego
de que inhalaras todo el oxígeno,
incluso el suyo.
Estabas encerrada, detrás de los barrotes
de tu propia existencia,
contenida únicamente
en tu cabeza.
Hermética.
domingo, 14 de agosto de 2011
Me encuentro en una disyuntiva; uno de esos momentos cruciales en nuestra vida. Nunca lo había sentido tan a flor de piel... Ser o no ser; o, mejor dicho, ser o dejar de ser. Es duro tener mi edad y replantearme eso. Más duro es sentirlo, vivirlo y, en algunos momentos, desearlo. Llámenlo escapismo pero, a veces, me canso de la mierda (que yo misma genero, seguramente), sintiendo que me ahogo dentro de ese pozo inhabitable, en el que hace tanto me encuentro.
Es jodido despertarse sin una motivación y terminar el día con ese sentimiento de vacío siempre presente. Sentir que no encajás, no servís; que nadie puede sacar nada en limpio de vos.
La mierda llegó hasta el cuello y, desde hace un tiempo, sólo doy pazos en falso, rompiendo y alejando lo poco de bueno que había a mi alrededor. Pero es normal. Las personas perdidas se comportan así, sin sentido, autodestructivamente. Es entendible, al no saber qué camino encarar elijo mal; pésimamente. Y lloro... Tal vez demasiado. Y me pregunto mil veces el por qué de todo esto y siempre recibo la misma respuesta: un silencio inmortal. Un silencio que congela todo lo demás. Estéril. Muerto. Como yo.
Es jodido despertarse sin una motivación y terminar el día con ese sentimiento de vacío siempre presente. Sentir que no encajás, no servís; que nadie puede sacar nada en limpio de vos.
La mierda llegó hasta el cuello y, desde hace un tiempo, sólo doy pazos en falso, rompiendo y alejando lo poco de bueno que había a mi alrededor. Pero es normal. Las personas perdidas se comportan así, sin sentido, autodestructivamente. Es entendible, al no saber qué camino encarar elijo mal; pésimamente. Y lloro... Tal vez demasiado. Y me pregunto mil veces el por qué de todo esto y siempre recibo la misma respuesta: un silencio inmortal. Un silencio que congela todo lo demás. Estéril. Muerto. Como yo.
sábado, 13 de agosto de 2011
miércoles, 10 de agosto de 2011
Todos exigen la verdad, pero pocos pueden digerirla. Vivimos en un mundo donde la superficialidad y la frivolidad son comunes; hasta necesarias, me animaría a decir.
Dónde nos llevó eso? A la nada misma. Al borde del precipicio. Al vacío eterno.
Nadie construye ni está satisfecho. Las palabras se desmoronan, al igual que las personas. Sólo importa lo instantáneo y el yo. Sólo eso. Los demás existen en medida que podamos quitarles algo; después, son una sombra más, o menos que eso.
Vivir así, para qué? Vivir rodeada de mierda, para qué?
Porque estas ya no son personas. Son parásitos y ya me cansé que se nutran con lo mejor de mi.
Dónde nos llevó eso? A la nada misma. Al borde del precipicio. Al vacío eterno.
Nadie construye ni está satisfecho. Las palabras se desmoronan, al igual que las personas. Sólo importa lo instantáneo y el yo. Sólo eso. Los demás existen en medida que podamos quitarles algo; después, son una sombra más, o menos que eso.
Vivir así, para qué? Vivir rodeada de mierda, para qué?
Porque estas ya no son personas. Son parásitos y ya me cansé que se nutran con lo mejor de mi.
martes, 9 de agosto de 2011
No importás. No servís. No encajás.
Nadie puede succionar nada de vos.
Sos inútil. Despreciable. Prescindible.
Debería sentirme mal?
Lo veo en sus ojos, en su indiferencia.
Está bien.
Por qué habría de sentirme especial?
Soy un molde;
una máquina rota.
Una muñeca imperfecta.
Un saco de mierda.
Está bien.
Por qué habría de ser de otra forma?
Nadie puede succionar nada de vos.
Sos inútil. Despreciable. Prescindible.
Debería sentirme mal?
Lo veo en sus ojos, en su indiferencia.
Está bien.
Por qué habría de sentirme especial?
Soy un molde;
una máquina rota.
Una muñeca imperfecta.
Un saco de mierda.
Está bien.
Por qué habría de ser de otra forma?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
